He terminado hace unas horas El mago David, del gran Diego Sánchez Aguilar, y lo que más destacaría es la presencia de ese primer amor que nunca se olvida y que, de alguna manera, nos marca muchísimo. Siempre equivocado. Y a partir de ahí, vemos todo lo que hemos evolucionado desde entonces, lo idiotas que nos sentíamos por querer tanto a esa persona y la ternura que nos da recordar ese vínculo y se convierte en una especie de amor prohibido-imposible que es tabú hablar de él a la gente. A veces, no es el primero, pero sí uno que te marca mucho, igual es el primero por ser el que te marca mucho.
Me ha conmovido que el narrador-protagonista nos cuente, en su largo monólogo, que guarde las bragas olvidadas por Ella en su casa.



