La banasta
A mi yayo Pedro, in memoriam, espero que estés orgulloso allá dónde estés.
Me emociona escribirte,
sin dejar de pensar en el día en que te fuiste.
Una canasta me remonta
a aquellos días en los que dejaste en el campo tu gran impronta.
Con tu sombrero de paja, sentado en una silla, movías de un lado para otro, estos objetos.
Sé que este poema no es un soneto,
pero quiero que sepas que siempre tuviste mi respeto
Del Quijote nunca ni sus tapas tocaste, según un día me dijiste,
pero no te hizo falta con todo lo listo e inteligente que fuiste.
De almendras y limones llenabas las banastas,
Hoy en mi corazón, ondea una bandera a media asta.

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